Y EL VERBO SE HIZO CARNE

José Aparicio Pérez

Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana

Y habitó entre nosotros, así se expresan nuestras Sagradas Escrituras y aunque los Doctores que tiene la Iglesia han sustituido lo que viene a continuación “habitó entre nosotros” por “acampó” entre nosotros, el sentido no se altera excesivamente a pesar de las evidentes diferencias de matiz entre habitar y acampar.

Verbo hay que entenderlo como Palabra, a través del griego Logos si se quiere, y que “se hizo carne” en el sentido de que formó y forma parte como un todo del ser humano, primero la palabra y fueron simples las verbales, imágenes las escritas o inscritas. Hoy continúan ambas acercándonos a quien nos proporcionó el don de ambas.

Actualmente el Verbo- Logos- Palabra sirve hasta para hablar de ellas mismas y de los que las pronuncian.

En el largo proceso recorrido por la palabra desde el momento en que se nos concedió el don de las mismas, al aparecer las estructuras fisiológicas y anatómicas para poderlas emitir, se detecta la necesaria interacción entre ellas y los procesos cerebrales para poderlas estructurar.

Y en este largo proceso hay un momento que consideramos clave por los testimonios que nos han llegado hasta nosotros.

Sobre este momento, fugaz en el largo proceso evolutivo, pero decisivo, el Dr. Jaime Siles, filólogo y laureado poeta, nos ha dejado recientemente exquisito testimonio a través de un eruditísimo lenguaje poético denso y profundo, en un breve poemario recientemente publicado con el título de “Galería de rara erudición” en este mismo periódico, donde se ha glosado como “Toda una vida junto a los clásicos”. Otros comentarios se han prodigado en otros muchos medios hispanos resaltando el mérito de una extensa obra que fluye de un venero alimentado por una vida, desde su más tierna juventud, inmersa en la vida y las obras de numerosísimos héroes y dioses de ficción y de los personajes que los crearon.

Es evidente que los clásicos hicieron una gran labor, decisiva para la Cultura Occidental a través de la latinidad y enriquecida profundamente en los siglos posteriores desde el Humanismo Cristiano ,extendida por toda Europa y el Nuevo Mundo,.En mucha menor medida por el continente asiático y el africano.

Pero no conviene olvidar que lo clásico no surgió de la noche a la mañana, por generación espontánea, sino que es un avance, un nuevo hito evolutivo desde lo pre-clásico y, así sucesivamente en retroceso simplemente temporal hasta alcanzar los primeros testimonios del inicio del lenguaje, del Verbo, que hoy por hoy nos sitúa en pleno periodo cultural Musteriense y antropológico Neandertal, con posibilidad evidente de emitir sonidos y desarrollo mental para dar testimonio de la existencia de un pensamiento simbólico en los adornos personales con elementos exógenos, las primeras manifestaciones artísticas sobre elementos más o menos indelebles y la posibilidad de realizarlas sobre otros más frágiles y perecederos.

Todo lo cual nos permite considerar con testimonios seguros que todo lo que constituye lo que llamamos Cultura Occidental obedece a un proceso evolutivo que se manifiesta fehacientemente desde época Musteriense – Neandertal, tanto antropológica y anatómicamente como culturalmente, asistiendo al nacimiento del lenguaje escrito y el verbal, necesarios para la aceleración del proceso evolutivo general que se manifiesta en el continente europeo y parte del asiático y que se extiende por emigración humana y transmisión educativa a gran parte del resto de continentes.

Aparte de los pre-socráticos, el mismo Avieno, historiador romano del siglo IV de nuestra Era, recogiendo tradiciones transmitidas oralmente desde antes el siglo VI a. de C. y recogidas por historiadores clásicos, describe la costa valenciana y de otras partes peninsulares o de Britannia e, incluso,del Ponto Euxino, hoy el Mar Negro. También la literatura griega se apoyó en el gran numero de leyendas transmitidas de generación en generación desde tiempos remotos, mucho antes del conocimiento de la escritura, lo que nos remonta hasta la Edad del Bronce y, así, la poesía épica aparece recogida por aedos y rapsodas que recitaban poemas e historias varias seculares. Tradición oral intensa como precedente tanto de la filosofía,como de la literatura, historia y ciencia clásicas.

Más de dos mil años después, Jaime Siles representa el papel de un milenario aedo y nos glosa, con sistema actual, muy alejado de la métrica y lírica de tiempos pasados, su visión de los clásicos griegos que, con los autores latinos, contribuyeron a levantar el grandioso edificio de la Cultura Occidental.

Publicado por Las Provincias el miércoles 13 de febrero de 2019