LAS MIGRACIONES: PROBLEMA Y TRAGEDIA. COMENTARIOS SOCIOANTROPOLÓGICOS

By 28 agosto, 2018 Artículo, José Aparicio Pérez

José Aparicio Pérez

Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana

Migración es el traslado masivo, intermitente o constante de seres vivos de unos lugares a otros. Hay animales migratorios por sistema, especialmente entre aves y peces. Generalmente son traslados de largo recorrido, no considerándose como tal los cortos traslados estacionales dentro de la propia área de subsistencia.

La mayor parte de los seres vivos, sin embargo y como nos enseña la Etología, están sujetos a un territorio y se rigen por el principio o ley de territorialidad que determina sus relaciones. Cada grupo o conjunto social está sujeto, anclado, a un territorio, que es el suyo y que éste delimita; si lo traspasa inevitablemente entra en el contiguo, es decir en el de otro grupo o conjunto social, que ya no es el suyo. Este principio también rige para los migratorios que, necesariamente, van y vienen a los mismos lugares.

Este territorio es el de subsistencia y se define como el mínimo necesario para proporcionar los recursos vitales. Normalmente es el individuo el que se adapta al mismo; si aumentan los recursos aumenta la población, disminuyendo en caso contrario. El territorio, en estado natural, es decir cuando dominan las leyes biológicas, siempre es el mismo.

Progreso tecnológico, cultura y civilización han ocultado, que no anulado, estas leyes, especialmente la de territorialidad, añadiendo nuevos valores. Ahora, junto a los medios de subsistencia el territorio contiene el legado histórico, cultural y técnico. Cada vez es más difícil, y menos deseada, la migración entre la especie humana. Para el que se traslada es mucho lo que se pierde. Para el que recibe es mucho lo que puede perder.

Con el nacimiento de las llamadas grandes civilizaciones en el Próximo Oriente y la aceleración del progreso tecnológico y cultural, los primeros textos escritos nos permiten conocer los movimientos migratorios humanos, así como las deportaciones masivas. Para nosotros, sin embargo, las primeras y de mayor impacto serán las de los pueblos llamados bárbaros o extranjeros al Imperio Romano. Su presión fue tan fuerte que, en cuanto ambicionaron el mayor nivel de vida de los vecinos del sur, hubo que impedirlo mediante fortificaciones a lo largo de toda la frontera, el llamado “limes”. Cuando se debilitó el poder militar romano la invasión fue imparable y las consecuencias enormes. La Gran Muralla china se levantó con fines similares, aunque con resultado idéntico.

Más recientemente, cuando la historia se repetía a la inversa ya que el mayor bienestar, nivel de vida y superior cultura están al norte, la invasión se producía de sur a norte y, a diferencia de aquélla, no con violencia y masivamente sino a pequeña escala pero constantemente y por múltiples lugares.

Mas, en los últimos meses, la invasión ha llegado a ser, por ese procedimiento, también masiva y las consecuencias parecidas, es decir catastróficas, empezando a ser exigente y violenta.

Incapaces de obtener el bienestar que reclaman intentan tomarlo con violencia en algunos casos, sumando nueva delincuencia a la propia; incapaces de integrarse en las nuevas culturas viven completamente aislados añorando la suya.

Si la aceptación de pequeños grupos no plantearía problemas en Valencia, en España y en Europa, debido a la capacidad de tolerancia e integración que hemos manifestado a lo largo de los siglos, la masiva afluencia es de imposible digestión. La importación masiva de inmigrantes, sean sirios, libios o de cualquier otra procedencia, es de una imprudencia y estulticia incalificables, impropia de políticos cuerdos salvo que prime, sobre la cordura, sus apetencias electoralistas, con el poder a cualquier precio, aunque el precio a pagar, por otros, sea muy alto y, aquí, cobra sentido la advertencia del cardenal Cañizares de que hay que conocer bien lo que se importa, para evitar trágicas sorpresas posteriores.

Si la solución racional y humanitaria, para todos, es ayudarles a mejorar el nivel de vida y de bienestar en sus países de origen, hágase ya a nivel internacional, pero mientras tanto pongamos remedio a las calamidades presentes que provocan y a las futuras que se presagian. Y en este sentido, la demagogia insultante e indignante y torpe, que esgrimen algunos partidos, en busca de beneficios electorales, resulta patética e intolerable.

Desde hace años España está soportando este problema en solitario, con la incomprensión europea, a veces, incluso, amenazante e intolerante con la actitud española y sus fuerzas de seguridad, limitados y obligados a cumplir la Ley. Pero ahora, cuando el problema lo tienen en sus fronteras, reclaman unidad y solidaridad.

Hungría se vio desbordada y Croacia, que desconocía el problema en toda su dimensión, provocó con su imprudente llamada la abrumadora invasión de su territorio, debiendo adoptar, de inmediato, medidas urgentes de contención para evitar el caos.

Hemos visto la migración masiva convertida en tragedia, para los llegados y para los estantes, tragedia a cuya divulgación y sobredimensión han contribuido los medios, presentando la parte mas inhumana de la situación, aunque sin duda la menos frecuente, quizás buscando tanto la audiencia como la solución del problema al conmover a los receptores. Y se ha conseguido en parte sin duda, porque el clamor ha sido generalizado exigiendo a los gobiernos soluciones rápidas y eficaces, pero solo en parte ya que el problema socio-económico y, consecuentemente político, que plantea por su propia dimensión es de muy difícil solución, máxime cuando se prevé continuidad.

No obstante el prestigio de Europa y su tradición de humanismo cristiano exige solución digna y políticamente correcta para todos.¿Se hará?. Ya vorem .

Publicado  el 23 de agosto de 2017