Años atrás, intentamos describirlos así: el árbol es el Señor del Paisaje, el traje de gala con el que se viste el Reino Vegetal para alcanzar el Cielo, es el calor en el crudo invierno, la fresca sombra en el tórrido verano, alimento de muchos, hogar de otros, cartelera de amantes, esperanza en el desierto, soporte de la comunicación, de la ciencia, la literatura, la historia y el pensamiento, da vida al valle y a la montaña, es fuente de vida. El motivo, conmemorar el Día del Árbol que, en la Comunidad Valenciana o Reino de Valencia, se ha fijado en el 31 de enero. Lo instauró quien suscribe en la Real Academia de Cultura Valenciana y lo continuó con interés y dedicación el Prof. Ballester Olmos que, sobre áboles ,plantas, vegetación y jardines, es un Maestro .

El árbol, como decimos en el titular, es compañero inseparable del Reino Animal desde que se inició la vida en La Tierra hace 3.800 millones de años. Durante tan extenso periodo de tiempo, al compás de los cambios medioambientales ha sufrido profundos cambios sucediéndose variedades y especies constantemente. Ya en época humana, desde los primeros tiempos prehistóricos se estabilizan algunos que, hoy, nos son habituales y, así, nos encontramos con pinos y carrascas (encinas) desde temprana fecha, con predominio alternativo según tiempo y lugar. El “platanus occidentalis”, el popular platanero de tantas alamedas (nombre derivado de álamo paradójicamente) también. El olmo y el sauce. El fresno. El Pino Laricio hoy en zonas altas y en bajas en época glacial. El almez o lidoner-llidoner. El olivo silvestre desde el 12.000. El granado y la palmera (Chamaerops-humilys-margallo-margajón) antes del cambio de Era, es decir antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. El naranjo es reciente, ya histórico.

Años atrás propuse que nos tomáramos por obligación plantar uno anualmente o, en su defecto, algún arbusto o planta de adorno y, en último extremo, productiva.

Yo lo he venido cumpliendo desde antaño, predico con el ejemplo y, regularmente, he ido pagando el tributo anual que me he impuesto, , para compensar la aniquilación sistemática que producen los llamados pirómanos, en muchísimos casos “inventados” por los políticos para desviar la atención de sus torpes políticas forestales, por incompetencia también, en otros por falta de previsión y, en general, por desviar los fondos necesarios hacia otros intereses más productivos políticamente hablando.
La errada política forestal, inhumana también, que practicó el odiado ICONA durante muchos años, aunque quizás en su planteamiento teórico pareciese útil y recomendable, puso las bases de la generalizada catástrofe posterior, perpetuada hasta la actualidad y a la que no se le ve una posible solución. La ESPAÑA VACIA actual comenzó a gestarse entonces.

Violó los derechos humanos sistemáticamente, provocando un auténtico genocidio a pequeña escala en cuanto a la cantidad de seres humanos afectados pero extensa en cuanto al área territorial que abarcó, prácticamente toda la península, y por su acción negativa, constante y profunda sobre fauna, vegetación, agricultura y, muy especialmente ganadería, de tal manera que junto a la merma de las posibilidades de subsistencia de su población, junto a las dificultades sanitarias, educativas y de comunicación, les obligaron a abandonar el territorio para no volver nunca más, acelerado el proceso por la persecución sistemática de los agentes forestales del servicio, abrumándolos a sanciones por acciones minúsculas sobre el medio pero necesarias para facilitar la vida. El total abandono del cultivo y pastoreo esencialmente preparó para la catástrofe subsiguiente. Todos cuantos intentos se realizaron posteriormente para volver a la situación inicial han fracasado totalmente.

Pero el árbol, en solitario o en conjunto, merece la atención de todos, la protección de la colectividad, la vigilancia social, el cuidado permanente. Son nuestros pulmones, contribuyen a dar calidad a nuestra vida, son recreo y descanso de nuestra vista, la paz de nuestro espíritu. Es un bien patrimonial de inconmensurable valor. Cuidándolos a ellos nos cuidamos a nosotros mismos.

¿Somos capaces de asumir tanta responsabilidad? Ya vorem.

JOSE APARICIO PEREZ

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